Michael Connelly


Nueve Dragones

Traducción de Javier Guerrero

Harry Bosch 15

PRIMERA PARTE. Homicidios especiales

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Desde el otro lado del pasillo, Harry Bosch miró hacia el cubículo de su compañero y lo vio sumido en su ritual diario de alinear las carpetas apiladas, despejar de papeles el centro de la mesa y, por último, guardar la taza de café enjuagada en un cajón. Echó un vistazo a su reloj y vio que sólo eran las cuatro menos veinte; daba la impresión de que Ignacio Ferras empezaba cada día su ritual un minuto o dos antes que la jornada anterior. Aún era martes, el inicio de una semana de cuatro días después del puente del Día del Trabajo, y Ferras ya se estaba preparando para salir temprano. El desencadenante de esta rutina era siempre una llamada de teléfono desde su casa: allí lo esperaba una mujer con un niño de dos años y dos gemelos recién nacidos.

La esposa de Ferras miraba el reloj como lo haría el propietario de una tienda de golosinas con los niños gordos. Necesitaba un descanso y que su marido volviera a casa para concedérselo. Incluso desde el otro lado del pasillo y con las mamparas de insonorización de un metro veinte que separaban los espacios de trabajo en la nueva sala de la brigada, Bosch podía oír los dos lados de la conversación, que siempre empezaba con: «¿Cuándo vas a llegar a casa?».

Una vez que puso todo en orden en su espacio de trabajo, Ferras miró a su compañero.

– Harry, me voy a ir ahora, que hay menos tráfico -dijo-. Hay varias llamadas pendientes, pero tienen mi móvil. No hace falta que espere aquí.

Ferras se masajeó el hombro izquierdo mientras hablaba, lo cual también formaba parte de la rutina. Era su forma no verbal de recordarle a Bosch que le habían herido de bala hacía dos años y se había ganado el derecho de salir antes.



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