

Jonathan Kellerman
Obsesión
Nº 21, Serie Alex Delaware, 21
Capítulo 1
Patty Bigelow odiaba las sorpresas y hacía todo lo posible para evitarlas.
Dios tenía otras ideas.
El concepto de Patty de un ser supremo estaba a medio camino entre el «Ho, ho, ho» de Santa Claus y el ojo de fuego de Odín lanzando rayos.
Una cosa u otra, era un tío con barba blanca durmiendo en las nubes que, dependiendo de su humor, repartía regalos o jugaba a las canicas con los planetas.
Si le hubieran insistido, Patty se habría definido como agnóstica. Pero cuando la vida se ponía patas arriba, ¿por qué no ser como todos los demás y culpar a una fuerza suprema?
La noche en que Lydia le dio la sorpresa, Patty llevaba en casa un par de horas intentando relajarse después de un duro día en la unidad de Urgencias. Se regaló una cerveza, luego otra y cuando eso no funcionó, se sumergió en The Urge.
Primero se puso a ordenar el apartamento, hizo todas las cosas que no necesitaba hacer y acabó en la cocina utilizando un cepillo de dientes para raspar el cemento blanco de la encimera, limpió el cepillo de dientes con un cepillo de alambre que luego lavó con agua caliente hasta que quedó limpio. Seguía algo tensa, así que se guardó lo mejor para el final: arreglar los zapatos, pasarle un trapo a cada mocasín, zapatilla y sandalia, limpiarlos con una gamuza, ordenarlos por color y revisarlos, asegurándose de que todos tenían las puntas hacia fuera con exactamente el mismo ángulo.
Cuando estaba con las blusas y los suéteres… sonó el timbre.
La una y veinte de la madrugada en Hollywood, ¿quién diablos podía ser?
Patty se sintió molesta, luego nerviosa. Tenía que haber comprado aquella pistola. Cogió un cuchillo de trinchar y fue hasta la puerta; se aseguró de utilizar la mirilla.
