
Podría suceder algo así…
ENERO
1
Belfast – Dublín – Londres
Eamonn Dillon, del Sinn Fein, fue el primero en morir, y murió porque decidió parar a tomarse una pinta de cerveza en el Celtic Bar antes de enfilar Falls Road para acudir a una reunión en Andersontown. Veinte minutos antes de la muerte de Dillon, un poco más al este, su asesino recorría presuroso las calles del centro de Belfast bajo una lluvia gélida. Llevaba un chubasquero verde oscuro con cuello de pana marrón; su nombre en clave era Oveja Negra.
El aire olía a mar y un poco a los astilleros mohosos del Belfast Lough. Eran apenas las cuatro de la tarde, pero ya había anochecido. En invierno, la noche cae temprano en Belfast, y el alba despunta despacio. El centro de la ciudad estaba bañado en la luz amarillenta de las farolas, pero Oveja Negra sabía que la zona oeste, adonde se dirigía, estaría sumida en la oscuridad más absoluta.
Continuó hacia el norte por Great Victoria Street, dejando atrás la peculiar mezcolanza de edificios nuevos y antiguos que configura el centro de Belfast y recuerda las innumerables ocasiones en que estas manzanas han sido destruidas y reconstruidas. Pasó por delante de la reluciente fachada del Europa, infame por ser el hotel más bombardeado del planeta, y por delante de la nueva ópera, preguntándose por qué querría nadie en Belfast escuchar la música de tragedias ajenas. Pasó por delante de una espantosa franquicia estadounidense de rosquillas atestada de risueños colegiales protestantes con americanas de uniforme escolar. Lo hago por vosotros, se dijo. Lo hago para que no tengáis que vivir en un Ulster dominado por los putos católicos.
