– De alucine, no, de alucinado.

– Es que estoy alucinado, chico.

– ¿Por qué? ¿Has conocido a alguien?

Arthur abrió los brazos e hizo un signo afirmativo con expresión picara.

– ¿Lo ves como no puedes ocultarme nada? Estaba seguro. ¿La conozco?

– No, es imposible.

– Bueno, cuéntame. ¿Quién es? ¿Cuándo la has conocido?

– Va a ser complicado… porque es un espectro. En mi apartamento hay una aparición, lo descubrí anoche por casualidad. Se trata de una mujer fantasma que vive en el armario de mi casa. He pasado la noche con ella, pero todo ha sido muy casto, no vayas a creer…, como fantasma es muy guapa, pero… -imitó a un monstruo-. No, en serio, es realmente una aparición bellísima… Aunque, bien pensado, no es una aparición, porque no ha llegado a irse, lo que explicaría lo del atractivo… En fin, ¿lo ves más claro ahora?

Paul dirigió a su amigo una mirada compasiva.

– Está bien, te llevaré a un médico.

– Nada de médicos, Paul, estoy perfectamente. -Y dirigiéndose a Lauren, añadió-: No va a ser fácil.

– ¿Qué es lo que no va a ser fácil? -preguntó Paul.

– No hablaba contigo.

– Ya, le hablabas al fantasma. ¿Está aquí, en esta habitación?

Arthur le recordó que se trataba de una mujer y le informó que estaba sentada justo a su lado, en una esquina de la mesa. Paul lo miró, pensativo, y pasó muy lentamente la palma de la mano por la mesa de su socio.

– Oye, ya sé que me he pasado muchas veces con mis bromas, pero ahora eres tú el que me asustas a mí, Arthur. Tú no te ves, pero tienes cara de estar ido.

– Estoy cansado, he dormido poco y seguramente tengo mala cara, pero por dentro estoy en plena forma. Te aseguro que no me pasa nada.

– ¿No te pasa nada por dentro? Pues por fuera estás hecho polvo. ¿Qué tal los lados?

– Paul, déjame trabajar. Eres mi amigo, no mi psiquiatra. Además, no tengo psiquiatra; no lo necesito.



42 из 178