
– Tengo la negra, desde luego. Frank, llama a ver qué pasa.
Frank descolgó el teléfono mural que había sobre su cabeza, escuchó el mensaje que le transmitió una voz, colgó y se volvió hacia Stern.
– Arriba, amigo, es para nosotros. Union Square, un código 3, parece que es grave…
Los dos internos asignados al servicio de asistencia médica urgente se levantaron y se dirigieron al lugar donde los esperaba la ambulancia con el motor en marcha, al pie de la rampa luminosa intermitente. Dos toques breves de sirena marcaron la salida de la unidad 02. Eran las siete menos cuarto de la mañana, Market Street estaba totalmente desierta y el vehículo circulaba a bastante velocidad.
– ¡Mierda! Y pensar que hoy va a hacer buen día…
– ¿Por qué te quejas?
– Porque estoy reventado. Voy a pasarme el día durmiendo, sin poderlo aprovechar.
– Gira a la izquierda, iremos en dirección prohibida.
La ambulancia subió por Polk Street hacia Union Square.
– Allí está.
Al llegar a la gran plaza, lo primero que vieron los dos internos fue el viejo Triumph despanzurrado sobre la boca de incendios. Frank paró la sirena.
– Pues sí, ha dado de lleno -constató Stern saltando del vehículo.
Dos policías ya estaban allí, y uno de ellos condujo a Philip hacia el escaparate roto.
– ¿Dónde está? -le preguntó el interno al policía.
– Ahí delante. Es una mujer, y es médico, al parecer de urgencias. A lo mejor la conocen.
Stern, arrodillado junto al cuerpo de Lauren pidió a gritos a su compañero que se diera prisa. Ya le había cortado con unas tijeras los vaqueros y el jersey, dejando la piel al aire. En la larga pierna izquierda, una considerable deformación aureolada por un gran hematoma indicaba una fractura. El resto del cuerpo, aparentemente, estaba libre de contusiones.
