
Había estado enferma dos años; fue una enfermedad lenta y dolorosa. La gente pensaba que Mick había lamentado su muerte. No era cierto. Había lamentado esos dos largos y penosos años. Había sufrido intensamente por no poder ayudarla, por no poder aliviar su dolor.
Mick la había querido, de eso no cabía duda. Pero siempre había faltado algo; no para ella, para él. June nunca lo había necesitado. Como hombre, como esposo, como otro ser humano. Mick hubiera querido que lo necesitara, en especial esos últimos y espantosos meses. Ella nunca le había dado esa oportunidad.
Cuando ella murió, la gente pensó que la repentina obsesión que Mick mostraba por su trabajo se debía al dolor de su pérdida. Pero la verdadera razón por la que se había volcado en su trabajo fue porque se sentía culpable. El agotamiento físico y mental era más fácil de soportar que los malos recuerdos. June nunca había sido verdaderamente feliz en su matrimonio. Dios sabía que él tenía razones poderosas para sentir lo mismo. Pero sabía que no podría haberse casado con una mujer más buena. June era buena, noble.
La falla estaba en él. Había estado casado catorce años con una mujer excelente… y siempre se había sentido más solo que un ermitaño.
Se apartó de la ventana. Se desnudó y se metió en la cama después de apagar la luz.
Kat no era June.
En nada se parecía a June.
Quizá era independiente y orgullosa, pero también era extravagante. Llevaba ropa del siglo diecinueve y llamaba la atención por la calle con su pelo rojo. Y Además era apasionada.
Mick siempre había deseado encontrar una mujer a la que él le importara. Quizá había dejado de creerlo posible a causa de June, y con Kat… bien, quizá no era sensato enamorarse de una mujer a la que no entendía. Sería peor aún arriesgarse a lastimar a alguien que ya había sufrido una decepción.
