
Casey se contempló en el espejo. El pálido tono azul de la sencilla falda de seda combinaba perfectamente con los zapatos de tacón alto, los cuales la hacían parecer un poco más alta, aunque de todas maneras pequeña junto a Gil. Era un lujo que no se permitió cuando salía con Michael. Alisó el saco azul más oscuro sobre sus caderas. Charlotte le entregó el sombrerito de seda azul que hacía juego con su falda y ella lo sujetó con un pasador. Logró esbozar apenas una sonrisa algo burlona frente al espejo. Todo lo apropiado…
En algún momento de locura, estuvo tentada a usar algo estrafalario, pero ya era bastante enfrentar a Gil Blake, hubiera sido una tontería hacerlo enojar cuando era innecesario.
Alguien llamó a la puerta y ella regresó a la realidad. Charlotte abrió y Gil irrumpió en la habitación, vestido ahora con traje gris oscuro, camisa blanca y corbata de seda color vino. Tendría que acostumbrarse a su forma de ser.
– ¡Buena suerte! -Charlotte sonrió y murmuró las palabras detrás de él; luego salió de la habitación.
Gil escudriñó la apariencia de la chica, sin que su rostro traicionara ninguna emoción. Luego, aparentemente satisfecho, contempló el resto de la habitación. Fijó su vista en la cama con su elegante edredón de encaje blanco.
– Encantadora -levantó la vista y descubrió que ella lo estaba mirando-. Temo que te va a llevar algún tiempo arreglar tu nueva casa -sonrió-. No es que me agrade este estilo -señaló la cama individual-. Por si tenías alguna duda -no hizo mención de dónde iban a vivir y ella evitó darle la satisfacción de preguntarle.
Sólo lo vio en una ocasión desde que él emitió su ultimátum, y la rígida y corta entrevista cuando se lo presentó a sus asombrados padres no había sido el momento ideal para una charla íntima. Sin embargo, ahora el matrimonio era un hecho, y aislarse sería más difícil.
