Consciente del chofer, Casey no resistió. Se quedó rígida en los brazos del hombre, mientras su cabeza trataba de controlar el impulso natural de su cuerpo, y ya cuando sentía que se debilitaba, él la soltó.

– Olvídalo -murmuró él con voz ronca cuando el auto se detuvo frente a la hermosa y vetusta mansión de sus padres.

Fue tan súbita la boda de ella que su madre tuvo que abandonar la idea de lo que consideraba una apropiada recepción para su única hija, y se conformó con un pequeño desayuno de boda para la familia y para los amigos más cercanos, en su casa, aunque no dejó pasar ninguna ocasión para repetirle a Casey lo que sentía. Las reiteradas y pacientes aseveraciones de Casey de que "no estaba embarazada" sólo añadían escarnio a la herida.

Mientras jugaba con su salmón ahumado Casey notó con triste solaz que su compañera de apartamento tomaba plena ventaja de su posición como dama de la novia para sitiar al padrino de Gil. Sin duda esperaba averiguar un poco más acerca del hombre que se apareció de pronto, logró que Casey O'Connor perdiera la cabeza y la desposó en las narices del hombre que intentaba hacerlo un año atrás. Por la frustrada expresión de su amiga, Casey adivinó que no estaba consiguiendo mucha información.

Sintió un gran alivio cuando escapó a toda esa especulación y se retiró al dormitorio que ocupaba antes de que ella abandonara su casa. Charlotte la ayudó a quitarse el vestido de satén; lo desabotonó de la espalda y luego lo sacó con cuidado por la cabeza.

– Bueno, linda, hacen una bonita pareja -Casey permaneció callada-. ¿Ya te dijo donde piensa llevarte de luna de miel?-Casey trató de hablar y descubrió que tuvo que aclararse la garganta.

– No.

– ¿Sorpresa, eh? -Charlotte se rió. Si fuera yo, te aseguro que no me importaría -quitó unos confetis del cabello peinado en moño de Casey y sostuvo su saco.



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