
– Creo que he sido claro, ¿no crees, Casey? -comprendiendo que había hecho el ridículo, ella se liberó, y esta vez él no puso resistencia.
– Te aprovechaste para dejarlo claro -gritó furiosa-. Es la última vez que me dejo engañar así -él la miró con frialdad.
– Eso es exactamente lo que opino. Cualquier sitio serviría para el tipo de luna de miel que tienes en mente, ¿verdad? -se alejó y acomodó su corbata frente al espejo-. Acabo de invertir hasta el último centavo que he ganado con mucho esfuerzo, en una compañía que tiene problemas. Pude haber dejado a tu padre en la bancarrota, Casey. Dejar que todos sufrieran -la miró a través del espejo-. Pero tú… sacrificio permitió que su orgullo quedara intacto.
– ¡Compraste una ganga! -le gritó ella. El se incorporó y se volvió a ella.
– Eso está por verse. Sin embargo, no quedó dinero para gastarlo en una luna de miel lujosa y además tengo que estar presente para solucionarlos problemas del trabajo. Y tú, Catherine Mary Blake, tendrás que esperar a que me desocupe.
Ella se sonrojó por la ira. El adivinó sus intenciones y de pronto ella comprendió que no sería tarea fácil mantener a su marido fuera de su lecho. No mientras él estuviera decidido a compartirlo, aunque por el momento parecía haber aceptado la situación y suponía que debía estar agradecida por ese respiro. Secó las lágrimas de sus ojos y huyó de la habitación. El la alcanzó al borde de la escalera y la tomó del brazo, se detuvo cuando notó que su Jaguar estaba decorado con latas, botas viejas y globos.
– Veo que han estado muy ocupados -bromeó con naturalidad ante el pequeño grupo de personas que se había reunido para despedirlos. Ella cambió de expresión y sonrió.
