Quizá se hubieran olvidado algo. Siempre ocurría. Por muchas pruebas que hubieran surgido en el caso, siempre quedaban huecos en los que encontrar información. Gabe estuvo cerca de veinte minutos revisando escrupulosamente el despacho.

Y solo cuando terminó fue consciente del silencio que imperaba en el resto de la casa. Un silencio mortal. Ideal para concentrarse, si no fuera porque lo inquietaba no oír a Rebecca. Todavía lo humillaba que lo hubiera etiquetado como un hombre sobre protector y autoritario. Él no era ni remotamente dominante. Simplemente, había tenido una amplia experiencia con Rebecca. Suficiente como para saber que era una mujer impulsiva y capaz de generar un número incontable de problemas. Cuando un hombre estaba en la misma casa que un reactor nuclear, estaba perfectamente justificada su preocupación.

Encontró a Rebecca en el espacioso salón, acurrucada en una silla, con la mirada fija en la repisa de la chimenea. Maldita mujer. Se volvió hacia él con sus enormes ojos abiertos como platos.

– Solo estoy intentando imaginármelo. Sé que fue asesinada aquí…

– Y también sabemos que Jake estuvo aquí. Y que estaba borracho. Sabemos que discutieron y que se pelearon físicamente. Jake dijo que Mónica lo había arañado y se había abalanzado contra él con un cortaplumas, y tenía una herida en el hombro para demostrarlo. Admitió también que la había empujado, que Mónica había caído contra la chimenea y se había dado un golpe en la cabeza. Las huellas dactilares de tu hermano y de Mónica estaban por todo el salón.



21 из 171