
– ¿Podemos, papá?
– ¿Los hermanos Herreshoff? -repitió el padre-. ¿Los de Providence?
– ¿Por qué no? Sin duda, podemos permitírnoslo.
– ¿Qué sabes tú de los hermanos Herreshoff?
– Sé leer, papá. Los nombres de ellos figuran en casi todos los números de la revista Outing. ¿Conoces a alguien más capaz?
Lorna Barnett sabía bien que al padre le fastidiaba el interés de la hija por los deportes poco femeninos como la navegación a vela, por no hablar del tenis: si fuera por él, Lorna tendría que quedarse callada durante toda la cena, como una verdadera dama. Pero para Lorna las verdaderas damas eran lo más aburrido del mundo. Más aún, saber que el padre se culpaba a sí mismo por la recién descubierta atracción de la hija hacia los deportes que el señor Gibson había incentivado, aliviaba la sensación de desquite de Lorna. A fin de cuentas, ¿quién había invitado al señor Gibson sino el padre de Lorna? En cuanto llegó el joven artista, con sus ideas revolucionarias sobre la liberación de las mujeres norteamericanas, Lorna adoptó los hábitos y la vestimenta de la "chicamuchacho" de Gibson. Gideon explotó:
– ¡Esto es indignante! ¡Una hija mía revoloteando por ahí en una cancha de tenis, mostrando los tobillos…! ¡Y obligando a las amigas a formar el grupo femenino del Club de Yates de White Bear! ¡Si cualquier estúpido sabe que el lugar de una mujer es el salón!
