– ¡Entonces, tenemos que reducir ese peso! Recuerda lo que digo: ¡reduciremos el peso y el año que viene ganaremos la segunda carrera!

– ¿Cómo?

– ¿Cómo? -Barnett alzó las manos-. ¡No sé cómo, pero me niego a perder diez mil dólares con esos malditos sinvergüenzas de Minnetonka, en particular teniendo en cuenta que ellos nos desafiaron a esta carrera de tres años seguidos!

Levinia dijo:

– Nadie te obligó a apostar una suma tan alta, Gideon. Podrías haber puesto cien dólares.

Pero se disfrutaba tanto de las apuestas como de las carreras en sí mismas, y los miembros del club ponían con gusto los diez mil dólares.

Un criado se acercó a la derecha de Gideon y le preguntó con voz queda:

– ¿Terminó con los espárragos, señor?

Gideon lo desechó con un gesto y ladró:

– Sí, llévatelos.

Y rezongó a la esposa:

– Todos los hombres que están en esta mesa pusieron la misma cantidad en la regata, Levinia, y ninguno de nosotros quiere perder contra esa banda, pues todos los periódicos del país nos observan, y Tim está aquí fotografiando los eventos.

Se refería a Tim Iversen, miembro del club y fotógrafo de éxito, que registraba la regata desde el comienzo.

– Y dejando de lado el tema del dinero, yo soy el presidente de este club, y odio perder. Por lo tanto, la cuestión pendiente sigue siendo: ¿cómo conseguimos un barco que derrote a los de ellos?

Lorna, la hija de Gideon, consideró que ya se había mordido la lengua demasiado tiempo:

– Podríamos contratar a los hermanos Herreshoff para diseñar y construir un barco.

Todos los ojos de los presentes en el salón se volvieron hacia la hermosa joven de dieciocho años, que mantenía la vista clavada en su padre. Tenía un peinado estilo "chica Gibson", con una serie de rizos en la nuca y una línea lánguida que resultaban mucho más favorecedores que la corona de trenzas de su madre.



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