Garrod se encogió de hombros y concentró su mente momentáneamente en uno de los modelos matemáticos, intentando identificar la ecuación que representaba.

—He producido un nuevo tipo de cristal. Más duro que cualquier vidrio conocido. Ni siquiera debería ser transparente, porque refleja energía en prácticamente todas las longitudes de onda del espectro. Sólo las longitudes de onda visibles lo atraviesan. Nada de calor. Así que patenté el mejor material para parabrisas del mundo. —Garrod hablaba absorto; su mente estaba deslizándose sobre las curvas y generatrices del modelo—. Pero supongamos que algún otro tipo de radiación lo atraviesa, que incluso esa radiación se amplifica o concentra. Es algo que no sabemos.

—Algo que hace que buenos conductores y pilotos se vuelvan malos? —Leygraf, olvidando obviamente que había renunciado a su bebida, cogió el vaso y apuró el líquido—. ¿Algo que hace que les crezca pelo por toda la cara y que les salgan unos dientes como éstos?

Se metió los nudillos en la boca y agitó los dedos que se proyectaban hacia abajo. Garrod se echó a reír de buena gana.

—No me recuerdes que esto parece una locura. Lo único que pretendo hacer es pensar en otras categorías. Creo haber leído algo sobre una carretera francesa que tenía un punto negro de accidentes y nadie sabía el motivo, ya que se trataba de una de esas rutas rectas, amplias y bordeadas de álamos. Resultó que los álamos estaban espaciados de un modo tal que, si conducías a lo largo de esa carretera al límite de velocidad, el sol que atravesaba los árboles fluctuaba a diez ciclos por segundo.

—¿Y eso qué tiene que ver con…? —Leygraf parecía desconcertado—. ¡Ah, comprendo! El ritmo alfa del cerebro. Hipnosis.

—Exacto. Y luego está la epilepsia. ¿Sabías que no es prudente que un epiléptico intente ajustar un televisor que sufre lentas oscilaciones luminosas?



13 из 165