
—No he venido a verte por eso.
—¿No? Te va el combinado de vodka, verdad?
—Gracias. No demasiado fuerte.
Leygraf preparó la bebida y llevó el vaso al escritorio ante el que se había sentado Garrod.
—¿Aún estás preocupado por esos automóviles Stiletto?
Garrod asintió, pero dio un largo trago de bebida antes de hablar.
—Tengo nuevos datos para ti —dijo al fin.
—¿Por ejemplo…?
—Supongo que habrás oído hablar del accidente del Aurora hace dos días.
—¡Que si he oído hablar! No he escuchado otra cosa, amigo mío. Mi mujer compró nuevas emisiones del SCA el año pasado, siguiendo mi consejo, y está… —Leygraf se interrumpió con el vaso en los labios—. A qué te refieres por nuevos datos?
—El Aurora llevaba vidrios Thermgard.
—Sabía que tenías ese contrato, Al, pero seguramente ese avión llevaría meses volando.
—No con mis cristales incorporados. Los de la Sociedad de Constructores estaban ansiosos por adelantar la parte de baja velocidad del programa de pruebas, así que lo hicieron volar algún tiempo con transparencias convencionales. —Garrod contempló el interior de su vaso y vio las diminutas corrientes de frío líquido con los destellos de los cubitos de hielo—. El vuelo del martes fue el primero con el Thermgard instalado.
—¡Pura coincidencia! —Leygraf resopló enfáticamente—. Oh, vamos ¿qué estás intentando hacerte?
—Viniste a verme, Carl. ¿Recuerdas?
—Sí, lo sé… pero también te dije que se trataba de un caprichoso curso de los cálculos. Cuando analizas algo tan complejo como las exigencias del tráfico urbano, es inevitable que te topes con todo tipo de deportivos…
—En camino al aeropuerto McPherson, Esther y yo casi chocamos con un Stiletto que estaba girando a la izquierda.
—Estás estropeando mi mejor bebida del día —protestó Leygraf afligido, dejando el vaso a un lado—. Sal del problema un momento… ¿Cómo es posible que un nuevo tipo de vidrio para parabrisas cause accidentes? ¡Por amor de Dios, Al! ¿Cómo es posible?
