—No digas más. ¡No hables!

Garrod aferró los brazos del sillón mientras el suelo parecía inclinarse pesadamente bajo sus pies. Experimentó una fría y punzante sensación en su frente y mejillas, al tratar de expresar la idea que acababa de ocurrírsele, el abismo entre lógica y lenguaje resultó ser un puente demasiado enorme.


Dos horas más tarde, tras un agotador recorrido en una hora punta del tráfico, los dos hombres llegaron al edificio color crema que era el centro de investigación y administración de Transparencias Garrod. Era una magnífica tarde de octubre, y el ambiente era apacible y brumoso, nostálgico. Desde la zona de aparcamiento distinguieron una distante pista de tenis, una gema en medio de un grupo de árboles, en donde blancas figuras jugaban tal vez el último partido de la temporada.

—Eso debería estar haciendo yo —dijo amargamente Leygraf mientras caminaban hacia la entrada principal.

—¿Tienes que mantener tan en secreto el motivo de que me hayas arrastrado hasta aquí?

—No estoy guardando ningún secreto. —Garrod notaba que estaba moviéndose con sumo cuidado, igual que un hombre inseguro de sus pasos—. Simplemente, no deseo influirte de ninguna forma. Voy a enseñarte algo, y tendrás que explicarme qué significa.

Entraron en el edificio y subieron en el ascensor hasta las oficinas de Garrod, situadas en el segundo piso. El edificio parecía desierto, pero un hombre rechoncho, con destornilladores en el bolsillo de su camisa semejando estilográficas, fue a su encuentro en el pasillo.

—Hola, Vince —dijo Garrod—. ¿Te dieron mi mensaje?

Vince asintió.

—Sí, pero no lo entiendo. ¿De verdad quería un tablero para montaje provisional y dos bombillas montadas en él? ¿Y un conmutador rotatorio?



15 из 165