
—Eso quería.
Garrod dió una palmada en el hombro a Vince, un gesto de disculpa por no explicar el misterio, y entró en su despacho. Era una combinación de oficina ejecutiva y sala de diseño, con una mesa de dibujo que compartía el mejor sitio con un gran escritorio desordenado.
Leygraf señaló la pizarra que ocupaba la pared.
—¿Realmente usas eso? Pensaba que sólo salían en las películas. Las viejas películas de William Holden.
—Me ayuda a pensar. Cuando hay un problema expuesto en esa pizarra, puedo comprenderlo y trabajar en él sin importar lo que esté pasando aquí.
Garrod hablaba lentamente mientras examinaba el montaje provisional que había en su escritorio. Consistía en una base de conglomerado que llevaba dos bombillas y un conmutador rotatorio para variar el ritmo de encendido, todo ello conectado mediante cables plásticos y unido a una toma de corriente. «Algún día —pensó Garrod, con una curiosa falta de emoción—, los museos científicos del mundo se enfrentarán en una subasta para quedarse con este trasto.» Conectó el cable a un enchufe de la pared, accionó el conmutador y ambas bombillas brillaron en concordancia. Moviendo ligeramente el mando del conmutador, Garrod ajustó el ciclo de manera tal que las bombillas estuvieran encendidas un segundo, aproximadamente, y apagadas otro segundo.
—Igual que Times Square.
Leygraf respiró ruidosamente para llamar la atención hacia su sarcasmo.
Garrod le cogió por el brazo y lo acercó al escritorio.
—¿Comprendes el circuito que tenemos aquí? Dos bombillas y un interruptor conectados en serie.
—Eso no entraba en mi curso de computadoras del Instituto Técnico de California, pero creo que capto la idea general. Creo que mi mente está expandiéndose para captar la avanzada tecnología involucrada.
—Sólo quería estar seguro de que apreciabas…
—¡Por el amor de Dios, Al! —La paciencia de Leygraf comenzaba a abandonarle—. ¿Qué tengo que apreciar?
