
Flip suspiró con fuerza.
—Este paquete es pesadísimo.
—Entonces suéltalo —dije yo, extendiendo la mano para coger la cinta. Estaba fuera de mi alcance. Alcé poquito a poco la mano que sujetaba el costado de la caja y me estiré hacia la mesa. Las yemas de mis dedos rozaron la cinta.
—Es delicado —dijo Flip, acercándose a mí, y soltó la caja. Traté de agarrarla con ambas manos. Chocó contra la mesa, el costado aplastó mi caja, y los recortes se dispersaron por el suelo.
—La próxima vez tendrá que recogerlo usted misma —dijo Flip, dirigiéndose hacia la puerta pisando los recortes.
Sacudí la caja, por si había algo roto. No había nada, y cuando miré la tapa no ponía FRÁGIL por ninguna parte. Ponía PERECEDERO. También ponía DOCTORA ALICIA TURNBULL.
—Esto no es mío —dije, pero Flip ya había salido por la puerta. Chapoteé en un mar de recortes y la llamé—. Este paquete no es mío. Es para la doctora Turnbull, de Biología.
Ella suspiró.
—Tienes que llevárselo a la doctora Turnbull.
Puso los ojos en blanco.
—Tengo que entregar primero el resto del correo interdepartamental —dijo, agitando su mechón de pelo. Se perdió pasillo abajo, dejando caer dos sobres de dicho correo mientras lo hacía.
—Asegúrate de volver y llevártelo en cuanto acabes de repartir el correo. Es perecedero —grité, y entonces, recordando que el analfabetismo está en boga hoy día y perecedero es una palabra polisilábica, añadí—: Quiere decir que se estropeará.
