
Su cabeza afeitada ni siquiera se volvió, pero una de las puertas del pasillo se abrió y Gina se asomó por ella.
—¿Qué ha hecho ahora? —preguntó.
—Ahora la cinta adhesiva se considera un recado personal.
Gina se acercó.
—¿Has recibido uno de éstos? —dijo, tendiéndome un folleto azul. Era el anuncio de una reunión. Miércoles. En la cafetería. Todo el personal de HiTek, incluyendo I+D—. Flip tenía que entregar uno en cada despacho. —¿De qué va la reunión?
—Dirección ha preparado otro seminario. Lo que significa un ejercicio de sensibilidad, un nuevo acrónimo, y más papeleo para nosotros. Creo que pediré la baja. El cumpleaños de Brittany es dentro de dos semanas, y tengo que preparar toda la decoración de la fiesta. ¿Qué se lleva hoy en día en las fiestas de cumpleaños? ¿Circos? ¿El salvaje oeste?
—Los Power Rangers —dije yo—. ¿Crees que reorganizarán los departamentos?
En el último seminario preparado por Dirección se había creado el puesto de Flip como parte del DARC (Dirección de Activación de Reformas y Comunicaciones). Tal vez ahora eliminarán la figura del asistente interdepartamental; así yo podría volver a hacer mis propias copias, entregar mis propios mensajes y recoger mi correo. Total, ya lo hacía.
—Odio los Power Rangers —respondió Gina—. No me explico cómo se han hecho tan populares.
Volvió a su laboratorio, y yo a mi trabajo sobre el pelo corto. Era fácil entender que se hubiera puesto de moda.
No más cabellos largos que dominar con peines y horquillas y crepados; se acabó lavarlos y tener que esperar una semana a que se secaran. Las enfermeras que sirvieron en la Primera Guerra Mundial se cortaron el pelo a causa de los piojos, y les había gustado la libertad y la ligereza que les proporcionaba el pelo corto. Y tenía ventajas obvias cuando se trataba de apuntarse a las otras modas de la época: ir en bici y jugar a tenis.
