
Contando a la señora Gerrard, debían servirse diez bandejas de té, Mary Agnes estaba decidida a hacerlo sin tropezar, derramar una gota o turbarse si entraba en la habitación de un caballero que se estuviera vistiendo. O algo peor.
Había ensayado repetidas veces su debut como camarera de hotel. «Buenos días. Hace un día espléndido», y avanzar con rapidez hacia la mesa para depositar la bandeja, procurando en todo momento desviar la vista de la cama. «Por si acaso», se había reído Gowan.
Atravesó el cuarto de la vajilla, el comedor en penumbras por las cortinas y salió al enorme vestíbulo de entrada de Westerbrae. Al igual que la escalera del extremo más alejado, el vestíbulo no estaba alfombrado, y las paredes habían sido chapadas en roble ennegrecido por el humo. Una araña del siglo XVIII colgaba del techo, y sus lágrimas captaban y difractaban un suave rayo de luz procedente de la lámpara colocada sobre el mostrador de recepción, que Gowan encendía cada mañana a primera hora. El aire olía a aceite, serrín y a un rastro residual de trementina, dando cuenta de los esfuerzos que realizaba la señora Gerrard para redecorar y transformar su vieja casa en un hotel.
Sin embargo, un aroma peculiar predominaba por encima de los demás olores, el producto de la súbita e inexplicable llamarada de pasión de anoche. Gowan acababa de entrar en el gran vestíbulo, portando una bandeja con vasos y cinco botellas de licores destinados a los invitados, cuando la señora Gerrard salió precipitadamente de su pequeña sala de estar, sollozando como una niña. El resultado de la inopinada colisión entre ambos había sido la caída de Gowan al suelo, creando un revoltijo de cristal de Waterford astillado y un charco de alcohol bastante considerable, que se extendía desde la puerta de la salita de estar hasta el mostrador de recepción. A Gowan le había costado casi una hora limpiar el estropicio (maldiciendo de forma melodramática cada vez que Mary Agnes pasaba cerca), y en todo el rato la gente no había cesado de ir y venir, gritar, llorar, subir las escaleras e invadir todos los pasillos.
