Pero, ¿en qué estaba pensando? No era su estilo demostrar debilidad, aunque fuera con extraños.

Además, no quería estropear aquel momento. Ella era descarada, dulce, y divertida.

Se había olvidado de lo que quería decir eso. Hacía tiempo que no se divertía. Pero debía de tener relación con aquella deliciosa mujer y su cara radiante, que se reía de su coche, que contaba modestamente sus logros. Se alegraba de pasar un rato con ella. Le hacía bien recordar que había gente que podía enfrentar el mundo con una sonrisa.

Miró el reloj y se sorprendió de ver que había pasado una hora.

– Es hora de entrevistarme con Philip Hale. ¿Ha terminado?

– ¡Dios santo!-ella se terminó el café deprisa-. ¿Puedo marcharme yo primero? Si llegamos juntos, la gente se preguntará por qué, y una pregunta llevará a otra…

– Y su secreto quedará al descubierto. De acuerdo. Le daré cinco minutos. Aquí está mi tarjeta. He escrito la dirección del taller por la parte de atrás. Llámelos mañana.

– Gracias. Y gracias por el almuerzo.

– No es nada. Que tenga un buen día.

Él le dio la mano brevemente. Tenía dedos largos y una sensación de poder entre ellos. Luego, la soltó y le dijo adiós con la cabeza.

Ella se dio prisa en llegar a la oficina, un poco turbada. Jamás había conocido a un hombre que le enviara señales tan confusas. Era atractivo, tenía los ojos negros y vivaces, y si hubiera sido capaz de relajarse podría haber tenido una mirada encantadora. Pero eso era evidentemente lo que no podía hacer. Su faceta de hombre de negocios había estado pendiente del reloj, recordándole que estaba perdiendo el tiempo. Debía de haberse alegrado de deshacerse de ella.

Carson Page miró a Gina hasta que esta desapareció. Tuvo una sensación muy extraña, como si el sol acabase de marcharse. Se restregó los ojos nuevamente, preguntándose por qué le habría dado por perder tiempo en algo que podría haber solucionado en cinco minutos.



8 из 120