– Perdóneme, Herr Gunther, pero la abogacía es una profesión demasiado sobrevalorada.

– No se lo discuto. Todavía tengo que encontrar un abogado que no sea capaz de robarle los ahorros a su madre; los ahorros y el colchón donde los esconde.

– En todas las cuestiones de negocios, siempre he descubierto que mi propio criterio era mucho más de fiar.

– ¿Cuál es su negocio exactamente, Frau Lange?

– Soy propietaria y directora de una editorial.

– ¿ La Edi torial Lange?

– Como le he dicho, pocas veces me he equivocado al seguir mi propio criterio, Herr Gunther. El negocio editorial tiene todo que ver con el gusto, y para saber qué se venderá, uno debe entender algo de los gustos de las personas a quienes vende. Mire, yo soy berlinesa hasta la médula y creo conocer esta ciudad y a su gente tan bien como cualquiera. Así que, volviendo a mi pregunta original, que tenía que ver con sus dotes de observación, respóndame a esto: si yo fuera forastera en Berlín, ¿cómo me describiría a la gente de esta ciudad?

– ¿Qué es un berlinés, eh? -dije sonriendo-. Es una buena pregunta. Hasta ahora ninguno de mis clientes me ha pedido que salte a través de un par de aros para demostrar qué perro tan inteligente soy. ¿Sabe?, por lo general no suelo hacer esa clase de exhibiciones, pero en su caso voy a hacer una excepción. A los berlineses les gusta que la gente haga excepciones por su causa. Espero que esté prestando atención porque he empezado mi actuación. Sí, les gusta que les hagan sentirse excepcionales, aunque al mismo tiempo quieren mantener las apariencias. En su mayoría, tienen el mismo aspecto.



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