
Aprendió a dramatizar los acontecimientos más triviales del día a día con gestos grandes y suspiros pródigos hasta que todo lo que hacía parecía más importante que algo que los demás pudieran hacer. Gradualmente aún la ocurrencia más mundana en la vida de Chloe Serritella llegó a estar cargada de gran drama.
Con dieciséis años, ofreció su virginidad al hermano de un amigo en un belvedere frente al Lago Lucerna. La experiencía fue difícil e incómoda, pero el sexo hizo a Chloe sentirse delgada. Conjuró rápidamente a su mente para probar el sexo otra vez, pero con alguien con más experiencia.
En la primavera de 1953, cuándo Chloe tenía dieciocho años, Nita murió inesperadamente de un reventón de apéndice. Chloe se sintió aturdida y silenciosa en el funeral de su madre, entumecida también al entender que la intensidad de su pena no era tanto por la muerte de su madre como del sentimiento que nunca tuvo a una madre del todo.
Atemorizada de estar sola, tropezó en la cama de un aristócrata rico más de cuarenta años mayor que ella. Él la proporcionó un refugio temporal y seis meses después la ayudó a vender el salón de su madre por una cifra astronómica de dinero.
El conde volvió finalmente con su esposa y Chloe se dispuso a vivir de su herencia. Era joven, rica, y sin familia, y atrajo rápidamente a los jovenes indolentes que tejieron los hilos dorados para atraerla a la tela de la sociedad internacional.
Llegó a sentirse como un recaudador, acostándose con unos y otros cuando buscaba el hombre que la daría el amor incondicional que nunca había recibido de su madre, el hombre que la haría terminar con su sentimiento de una chica gorda infeliz.
Jonathan Day "Jack el Negro" entró en su vida sentado enfrente en una mesa de la ruleta en un club de apuestas de Berkeley. Jack Day,"Negro" recibía su apodo además de por su belleza morena, por su inclinación a los juegos de riesgo. Con veinticinco años, ya había destruido tres coches deportivos de gran cilindrada y un número apreciablemente más grande de mujeres.
