
– Lo siento -dijo Martha, y se giró hacia Lewis-. ¿Qué me estaba diciendo?
Lewis observaba a su sobrina, que miraba a Noah con el mismo gesto de soberbia que su madre y, por un momento, casi estalló en carcajadas. Reparó en Martha. Tenía que admitir que, a pesar de que no tenía aspecto de niñera, no se le daba nada mal.
De repente, recordó que Martha le había hecho una pregunta y que todavía no la había respondido. Se arrepintió de haberse distraído.
– Me estaba hablando de San Buenaventura -le dijo Martha afablemente.
Aquello lo irritó todavía más. Estaba quedando como un tonto. Se puso rápidamente de pie y caminó por la habitación.
– Un ciclón arrasó la isla el año pasado y destruyó muchas construcciones. Por eso tengo que ir. El Banco Mundial financia la construcción de un puerto y un aeropuerto, además de las carreteras de acceso. Es un gran proyecto.
– Pero todo eso llevará más de seis meses, ¿no? -preguntó Martha sorprendida.
Lewis soltó una carcajada.
– ¡Por supuesto! Nosotros nos vamos a encargar de diseñar el proyecto y de supervisar la construcción.
Habrá un ingeniero allí destinado, pero quiero estar presente al menos durante la primera fase. Es un proyecto de gran envergadura y, en estos momentos, la compañía pasa por un momento difícil. Necesitamos que sea un éxito.
– Así que pasará seis meses preparando todo y luego volverá a Londres.
– Esa es la idea. Quizá tenga que permanecer algún tiempo más, depende de cómo vayan las cosas. Tendremos que hacer varias comprobaciones sobre el terreno, lo que puede provocar cambios de última hora en el diseño y, además, es importante establecer una buena relación con las autoridades locales. Esas cosas llevan su tiempo -dijo Lewis mientras sentía los ojos de Martha sobre él. Deseaba que dejara de mirarlo con aquella oscura e inquietante mirada que tanto lo turbaba, por lo que bruscamente concluyó-: De todas formas, Savannah estará recuperada y podrá hacerse cargo de Viola en seis meses. En cuanto al puesto de niñera, se trata de un trabajo para seis meses.
