Los promotores quieren construir hoteles y edificios de apartamentos. El desarrollo es bueno para la economía, pero un crecimiento irresponsable puede ser negativo para la isla. Se trata de un delicado equilibrio. A mí me preocupa, por ejemplo, el futuro del bosque tropical. Por un lado defiendo firmemente a cualquier animal o árbol en peligro de extinción, pero por otra parte sé que la gente necesita comer y calentar sus hogares…

– Y yo que había imaginado que eras una rabiosa ecologista…

– Rabiosa no, ecologista sí -sonrió-. Me preocupa el medioambiente y hago lo que puedo por conservarlo. Pero no creo que haya respuestas fáciles.

– Estoy de acuerdo contigo. Aquí, en Lucia-Serrat, intentamos buscar ese equilibrio del que hablas. Vivimos en armonía con la naturaleza. Sí, debemos hacer prospecciones petrolíferas, pero todas las precauciones son pocas a la hora de proteger el mar y sus criaturas. Y eso encarece los costes. Siempre hay gente que protesta, que quiere sacar más petróleo y preocuparse menos de las aves y los peces -Mazin frunció el ceño-. Hay gente a la que le gustaría un cambio de política, pero hasta ahora estoy satisfecho… -se interrumpió a mitad de frase, encogiéndose de hombros- de las decisiones que ha tomado el príncipe.

Phoebe apoyó los codos sobre la mesa.

– ¿Tú conoces al príncipe?

– Conozco a la familia real.

Se quedó pensativa. Le resultaba difícil de imaginar.

– Yo ni siquiera conozco al alcalde de la ciudad donde vivo -dijo, más para sí misma que para él-. ¿No te cae bien?

Mazin arqueó las cejas, sorprendido.

– ¿Por qué me preguntas eso?

– No lo sé. Por la manera en que has dicho que estás satisfecho de sus decisiones. Había algo en tu tono… Me dio la impresión de que no te cae bien.

– Te aseguro que no es ése el caso.

Phoebe bebió otro sorbo de té helado.



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