
—Un espíritu independiente —dijo el hombre desde detrás de la mesa—. Me gusta. Muchos vienen aquí arrastrándose, como si agradeciesen una patada. Claro está que con sus cualificaciones todavía no está desesperado. Todavía puede conseguir trabajo, incluso en… ah, creo que el término actual es reajuste progresivo.
—Estuve interesado —dijo Everard—. He trabajado en el extranjero, como puede ver, y me gustaría volver a viajar. Pero para ser sincero, todavía no tengo ni la más remota idea de a qué se dedica su empresa.
—Hacemos muchísimas cosas —dijo el señor Gordon—. Veamos… ha entrado en combate. Francia y Alemania. —Everard parpadeó; sus papeles incluían una lista de medallas, pero habría jurado que el hombre no había tenido tiempo de leerla—. Humm… ¿le importaría agarrar esos pomos de la silla? Gracias. Bien, ¿cómo reacciona ante el peligro físico?
Everard se mosqueó.
—Vamos a ver…
Los ojos del señor Gordon miraron brevemente un instrumento que tenía en la mesa: no era más que una caja con una aguja y un par de diales.
—No importa. ¿Cuál es su opinión sobre el internacionalismo? —Pero qué…
—¿Comunismo? ¿Fascismo? ¿Mujeres? ¿Sus ambiciones personales? Eso es todo. No tiene por qué responder.
—Pero ¿qué demonios es esto? —le dijo bruscamente Everard.
—Un breve examen psicológico. Olvídelo. No me interesan sus opiniones más que en la medida en que manifiestan una orientación emocional básica. —El señor Gordon se arrellanó, uniendo los dedos—. Hasta ahora es muy prometedor. Bien, de esto se trata. Hacemos un trabajo, como ya le he dicho, muy confidencial. Planeamos… planeamos dar una sorpresa a la competencia —rió—. Adelante, denúncieme al FBI si quiere. Ya nos han investigado y estamos completamente limpios. Descubrirá que realmente realizamos operaciones financieras y de ingeniería a escala mundial. Pero el trabajo tiene otro aspecto, para el que queremos hombres. Le pagaré cien dólares por entrar en la habitación trasera y someterse a una batería de pruebas. Durará unas tres horas. Si no las pasa, ahí acaba la historia. Si lo hace, le enrolaremos, le contaremos los hechos y empezará su entrenamiento. ¿De acuerdo?
