
Había sido un pensamiento lógico, concedió Dominic desde su alta percha encima de ellos, pero habían perdido a la mujer.
Brodrick sacudió la cabeza.
– ¿Cómo dispararon a Brad? ¿Y dónde está Tonio?
Kevin suspiró.
– Encontramos su cuerpo justo al otro lado de las cuevas. Se había enredado con otro gato. Brad estaba arrodillado a su lado y lo siguiente que supe fue que estaba en el suelo y fuimos inmovilizados. Yo no tenía armas y cambié de forma para tratar de dar un rodeo y encontrar al tirador, pero no pude hallar ningún rastro.
Brodrick juró.
– Es ella. Ella hizo esto. Sé que fue ella. Por eso no encontraste ningún rastro. Subió a los árboles.
Ninguno dijo quién era ella. Dominic quería saber quién podía ser la mujer misteriosa a la que obviamente odiaban y temían. Alguien a quien no le importaría conocer. Cuatro de los cinco hermanos De La Cruz tenían compañeras. ¿Podría ser la mujer evasiva una de sus compañeras? Era posible, pero lo dudaba. Los hermanos De La Cruz no querrían a sus mujeres en la batalla. Eran hombres con naturalezas violentamente protectoras, y venir a esta región sólo había incrementado sus tendencias dominantes. Tenían ocho países para patrullar, y los hermanos Malinov sabrían cuán imposible sería cubrir cada centímetro de selva. Ellos nunca, bajo ninguna circunstancia, enviarían a sus mujeres solas. No, ésta tenía que ser otra persona.
El águila abrió las alas inmensas y levantó el vuelo. El sol comenzaba a desaparecer, haciéndole sentir un poco más cómodo, pero el cuchicheo de los parásitos se volvió más fuerte, tentando, empujando su hambre a un nivel voraz, hasta que apenas pudo pensar claramente.
