
Aunque los sueños continuaban, y sólo ocurrían cuando estaba despierto, siempre parecían un poco desenfocados. Pero esperaba verla. Se sentía protector hacia ella, como si su lealtad ya se hubiera columpiado hacia la mujer de su sueño. Le escribió canciones de amor, expresando todas las cosas que deseaba decirle a su compañera, y cuando ella se negaba a descansar, él la tumbaba colocándole lacabeza en su regazo, le acariciaba la espesa melena y le cantaba en su idioma. Nunca se había sentido más contento, ni completo.
Se revolvió, perturbando la tierra rica que lo rodeaba. En el momento en que se movió, el dolor lo atrapó, miles de cuchillos le rasgaron de dentro a fuera. La sangre contaminada del vampiro que había tragado deliberadamente estaba llena de parásitos y ahora se agitaban en él reproduciéndose, buscando tomar el control de su cuerpo para invadir cada célula, cada órgano, y por muy frecuentemente que purgara algunos para mantener su número bajo, ellos parecían trabajar más duro para multiplicarse.
Dominic siseó un aliento entre dientes mientras se forzaba a alzarse. No era todavía completamente de noche y él era un antiguo Carpato con muchas batallas y muertes a sus espaldas. Generalmente los antiguos no se alzaban antes de que el sol se hubiera puesto, pero él necesitaba el tiempo extra para explorar a su enemigo y orientarse en esta tierra de mitos y leyendas.
En lo profundo de la cueva que había escogido en la selva del Amazonas, movió la tierra suavemente dejando que se asentara a su alrededor mientras se despertaba, queriendo mantener el área tan tranquila como fuera posible. Viajaba sólo de noche, como hacían los de su raza, escuchando el cuchicheo del mal, iba tras el rastro de un vampiro maestro, uno que estaba seguro tenía conocimiento de los planes para destruir a la especie de los Carpatos de una vez para siempre.
