
Niki resopla y cruza los brazos sobre el pecho. Alex entra, llama el ascensor y a continuación vuelve a por ella.
– Venga, adelante, adelante…, así, cuidado con el escalón, todo recto… ¡Cuidado!
Niki se asusta y da un brinco hacia atrás.
– ¿Qué es?
– Oh, no, nada… ¡Me he equivocado!
– ¡Imbécil! ¡Me has dado un susto de muerte, idiota!
– Amor mío… Estás diciendo demasiadas palabrotas… ¡Me tratas fatal!
– ¡Y tú estás haciendo el idiota!
Alex se ríe y hace ademán de pulsar el botón del ascensor, pero antes de que las puertas se cierren entra un señor con una cara alegre y rechoncha. Debe de rondar los sesenta años. Se queda perplejo por unos instantes, mira a Alex divertido, a continuación a Niki con los ojos vendados, y luego de nuevo a Alex. Entonces arquea las cejas y pone la expresión propia de un hombre que ha vivido mucho, muchísimo.
– Subid, ¡subid solos!
Y acto seguido sale con una sonrisa maliciosa en los labios. Alex asiente y pulsa el botón. Las puertas se cierran, Niki siente curiosidad y está ligeramente inquieta.
– Pero ¿se puede saber qué está pasando?
– Nada, cariño, nada, todo va bien.
El ascensor llega al piso.
– Ya está, sígueme. -Alex le coge la mano y la guía por el rellano, abre la puerta a toda prisa, hace entrar a Niki y la cierra a sus espaldas-. Ven, Niki… Ven conmigo. Cuidado, eso es, pasa por aquí.
La ayuda a esquivar una mesita baja, un sofá todavía envuelto en plástico, un perchero y un televisor embalado. Acto seguido, abre la puerta de una gran habitación.
– ¿Estás lista? Tachán…
Alex le quita la venda de los ojos.
– No me lo puedo creer… ¡Pero si estoy en mi habitación! -Niki mira a su alrededor.
– ¿Cómo has conseguido entrar en mi casa?… ¿Qué sorpresa es ésta? ¿Las personas de antes eran mis padres? Pero su voz… No me parecieron ellos.
Niki sale de la habitación y se queda estupefacta. El salón, el pasillo, las otras habitaciones, los baños y la cocina han cambiado por completo. Regresa a su dormitorio.
