
– Pero ¿cómo es posible? -Ve la mesa, los pósteres, las cortinas y los peluches de siempre-. Todas mis cosas… aquí, ¡en otra casa!
– Sí, he cambiado el cuarto por ti, quería que sintieses esta nueva casa como si fuese tuya. -A continuación, la abraza-. Cuando quieras venir aquí, tendrás tu propia habitación…
Alex saca su teléfono móvil y le enseña las fotografías de la habitación de Niki que todavía conserva.
– Pero ¿cómo lo has hecho?
– Una foto cada vez… -Alex sonríe y vuelve a meterse el móvil en el bolsillo-. Lo más difícil fue encontrar los peluches… ¿Te gusta? No puedes decir que no… ¡Todo lo has elegido tú! -Niki se echa a reír y Alex se aproxima a ella y la abraza-. ¿La estrenamos? -Y le da un beso ligero, suave, alegre. A continuación se separa de ella, sonríe y le susurra entre el pelo, junto a la oreja-: Estamos en tu habitación… ¡Pero tus padres no pueden entrar! Es perfecto. Adrenalina…, pero sin riesgo.
Acaban echados sobre la cama nueva. La cama de ella, la de ellos. Y en un instante se dejan llevar por la risa, los suspiros, en ese nuevo nido que no tarda en impregnarse con el aroma del amor.
Más tarde.
– Ah… Debajo de la mesa tienes también tus cajones… -Alex se acerca y abre los tres a la vez-. Éstos, en cambio, son falsos, los he convertido en un pequeño minibar… -Saca una botella de champán-. A saber lo que había en los de tu casa… Probé a abrirlos, pero siempre estaban cerrados con llave…
Niki sonríe.
– Pequeños o grandes… secretos.
Alex la mira, en un principio sonriente, inquieto después. Pero luego se dan un beso, y otro, y otro más. Y beben un poco de champán, y brindan:
– ¡Por la nueva casa!
Y esas burbujas, esas risas y esa mirada repentinamente distinta… Los celos se desvanecen de su mente como por encanto, plof, el sabor del amor que sienten los aleja.
