
– Alexz Johnson.
– ¡Eh, aquí todas somos profesionales! Mira, mírame a mí. -Y Olly se planta en el otro extremo de la acera, se apoya la mano en la cadera derecha, dobla un poco la pierna y se detiene, mirando fijamente al frente. Después da media vuelta, se echa la melena hacia atrás con un rápido movimiento de cabeza y regresa.
– ¡Pareces una modelo de verdad! -Y todas le aplauden.
– Modelo número 4, Olimpia Crocetti.
– Giuditta, mejor que Crocetti. -Y empiezan a cantar a coro una canción, unas mejor y otras peor, unas sabiéndose de verdad la letra y otras inventándosela de cabo a rabo. «I know how this all must look, like a picture ripped from a story book, I've got it easy, I've got it made…» Y se toman un último y fresco sorbo de cerveza.
– ¡Valentino, Armani, Dolce e Gabbana, el desfile ha terminado! ¡Aquí estaré, por si me queréis contratar! -Y Olly hace una reverencia a las demás Olas-. ¿Qué hacemos ahora? Empiezo a estar aburrida de estar aquí…
– ¡Vámonos al Eur, o quizá, qué sé yo, al Alaska! ¡Sí, hagamos algo!
– Pero ¡si acabamos de hacer algo! No, chicas, yo me voy a casa. Mañana tengo examen y me la juego. Tengo que recuperar el cinco y medio.
– ¡Venga! ¡No seas pelma! No vamos a volver tarde. Y, además, mañana puedes levantarte más temprano y le das un repaso, ¿no?
– No. Necesito dormir, ya van tres noches que me hacéis llegar tarde y yo no soy precisamente de hierro.
– ¡No, en realidad eres dura sólo de mollera! Está bien, haz lo que te parezca, nosotras nos vamos. ¡Hasta mañana!
Y cada una a su paso se va en una dirección: tres, directas hacia quién sabe dónde y una hacia su casa. Los cuatro botellines de Coronita siguen allí, en la acera, como conchas abandonadas en la playa tras la marea. Mira qué desastre, cómo lo han dejado todo. Claro, como yo soy la escrupulosa… Las recoge. Mira a su alrededor. Las farolas iluminan una hilera de contenedores.
