Esta labor de exploración y reconocimiento del terreno duró varias horas. El Cazador advirtió que el joven se había despertado y reanudaba su actividad, pero no hizo ningún esfuerzo por mirar al exterior. Tenía un problema que debía ser resuelto con cuidado y precisión, aunque pudiera parecer lo contrario si se considera la lucha que debió desplegar para zafarse de millares de leucocitos al mismo tiempo, su poder de atención era muy limitado. Aquélla fué simplemente una acción automática comparable a la de un hombre que puede sostener una conversación mientras sube unas escaleras.

Gradualmente, los filamentos de los tejidos del Cazador, más finos que las neuronas humanas, formaron una red que se extendía por todo el cuerpo de Bob, desde la cabeza hasta los pies; a través de esos delgados hilos, el Cazador fué compenetrándose del funcionamiento ordinario de cada músculo, glándula y órgano de ese cuerpo. Durante este período, la mayor parte de su masa permaneció en la cavidad abdominal y sólo después de más de setenta y dos horas de convivencia con el cuerpo del joven pudo sentirse seguro como para prestar atención a los asuntos exteriores.

Como hiciera con el tiburón, comenzó por llenar los espacios intercelulares de la retina del joven con su propia sustancia. De este modo pudo servirse de los ojos de Bob mejor aún que su mismo dueño, ya que los ojos humanos sólo pueden ver con el máximo detalle aquellos objetos cuyas imágenes caen dentro de una superficie retinal de menos de un milímetro de diámetro. El Cazador, en cambio, podía usar toda el área focal de sus lentes, que era decididamente mayor. En consecuencia, podía examinar, con los ojos de Bob, objetos que el joven no alcanzaba a mirar directamente. Esto resultaba ventajoso, ya que la mayor parte de las cosas que interesaban al observador oculto eran demasiado simples como para atraer especialmente la mirada de un ser humano.

El Cazador percibía confusamente los sonidos desde el interior del cuerpo de Roberto; por ello, consideró que sería útil establecer un contacto físico directo con los huesos del oído medio.



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