– Pero estaba lo suficientemente lejos, – continuó – confirma nuestras sospechas.


– ¿Sus sospechas? – repitió. ¿Qué demonios estaba diciendo este hombre?

si estaba loco, ella tenía un grave problema, porque él todavía le apuntaba con la pistola a la mitad de su cuerpo.

– Tenemos suficiente para acusar a Prewitt, su testimonio asegurara que lo cuelguen, y usted, mi amor, aprenderá a amar Australia.


Caroline sofocó un grito, sus ojos se iluminaron con encanto. ¿Estaba Oliver envuelto en algo ilegal? ¡Oh, esto era maravilloso! ¡Perfecto! Ella estaría en lo cierto de que no era más que un pobre estafador. Su mente iba a máxima velocidad; a pesar de todo lo que había dicho el hombre de negro, ella dudaba que Oliver hubiera hecho algo tan malo como para colgarlo. Quizás lo enviaran a prisión, o lo obligarían a hacer trabajos forzados, o…


– ¿Señorita De León? – dijo el hombre de manera cortante.

La voz de Caroline era jadeante y muy emocionada cuando preguntó – ¿Qué ha estado haciendo Oliver?

– Por el amor de Dios, mujer, ya he tenido suficiente de su farsa, se viene conmigo.

Dio un paso hacia delante con un gruñido amenazador y la cogió por las muñecas.

– Ahora.

– Pero…

– Ni una palabra a menos que sea una confesión.

– Pero…

– ¡Eso es todo! – metió un trapo en su boca – tendrá tiempo de sobra para hablar más tarde señorita De León.

Caroline tosió y gruñó furiosamente cuando él ató sus muñecas con un áspero trozo de cuerda; entonces, para su asombro, puso dos dedos dentro de su boca y dejó salir un profundo silbido. Un magnífico caballo castrado negro salió haciendo cabriolas de entre los árboles, con pasos grandes y elegantes.


Mientras ella se quedaba boquiabierta observando al caballo, que debía ser el animal más tranquilo y mejor amaestrado en la historia de la creación, el hombre la levantó y colocó sobre la silla.



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