Donna Leon


Piedras Ensangrentadas

Brunetti 14

Para Gesine Lübben

Weil ein Schwarzer hasslich ist,

Ist mir denn kein Herz gegeben?

Bin ich nicht von Fleisch und Blut?

(Porque feo sea un negro,

¿no he de tener corazón?

¿No soy yo de carne y hueso?)

Mozart, La flauta mágica


CAPÍTULO 1

Dos hombres salieron a campo Santo Stefano por el arco de madera. Las luces navideñas suspendidas sobre ellos teñían sus figuras de reflejos multicolores. Más brillante era la iluminación de los puestos del mercado, en el que productores llegados de distintas zonas de Italia con motivo de las fiestas tentaban a los visitantes con las especialidades de sus respectivas regiones: quesos de oscura piel y paquetes de obleas de pan de Cerdeña; aceitunas de formas y colores distintos, procedentes de toda la Península; aceite y queso de la Toscana; salamis de Reggio Emilia de diámetro y longitud diversa. De vez en cuando, desde detrás de su mostrador, algún vendedor entonaba un breve himno de alabanza de su mercancía: «Signori, caten este queso y probarán la gloría»; «Es tarde y quiero irme a cenar: sólo nueve euros el kilo. ¡Que se acaban!»; «Llévense este pecorino, signori, el mejor del mundo».

Los dos hombres pasaron por delante de los puestos, sordos al pregón de los vendedores, ciegos a las pirámides de salami que se erguían sobre los mostradores a uno y otro lado. Los compradores de última hora, poco numerosos a causa del frío, pedían cosas que, intuían, encontrarían a mejor precio y de mejor calidad en su tienda habitual. Pero ¿qué más típico de las vísperas navideñas que acudir al mercadillo, abierto incluso este domingo, y qué mejor manera de demostrar tu independencia que comprando algo innecesario?



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