
—Wold cierra el círculo en el golpeteo de Piedras —contestó ella con altivez, tratando de afirmarse a sí misma contra aquel aire de total autoridad de él. ¿Cómo podía un lejosnato, un falsohombre, sin linaje y por debajo de la ley, ponerse tan serio y altanero?
—Dale saludos de parte de Jakob Agat Alterra. Dile que iré a Tevar mañana a hablar con él. Adiós, Rolery —y alargó su mano al modo del saludo entre iguales. Ella, sin pensarlo hizo lo mismo, y puso su palma abierta contra la de él.
Luego ella se volvió y subió corriendo las empinadas calles y escalones, colocándose su capucha de piel sobre la cabeza, apartándose de los pocos lejosnatos por cuyo lado pasó. ¿Por qué la miraban fijamente a la cara como si fueran cadáveres o pescados? Los animales de sangre caliente y los seres humanos no se miraban fijamente los unos a los otros de ese modo. Ella salió por la Puerta de Tierra con una gran sensación de alivio, y ascendió rápidamente hacia la loma con los últimos rayos rojizos del sol, descendiendo luego por el bosque moribundo, y recorriendo los senderos que llevaban a Tevar. Cuando el crepúsculo se volvió oscuridad, ella vio, por encima de los rastrojos, pequeñas estrellas de luz de fuego procedentes de las tiendas de campaña que rodeaban la inacabada Ciudad de Invierno que se levantaba sobre la colina. Y se apresuró en busca del calor, la cena y la compañía de seres humanos. Pero aun en la gran tienda de las hermanas de su linaje, arrodillada junto al fuego y atracándose de asado entre las mujeres y los niños, volvió a sentir una sensación extraña que persistía en su mente. Cerrando su mano derecha, pareció apretar contra su palma un poco de oscuridad, donde él la había tocado.
2. En la tienda roja
—Estas gachas están frías —refunfuñó él, apartándolas a un lado.
Viendo la paciente mirada de la anciana Kerly, mientras ella tomaba el cuenco para recalentarlo, se llamó a sí mismo viejo idiota.
