
– Mitch, no debería contarte nada de esto.
– Ya que has llegado hasta aquí, cuéntame el resto. Te sentirás más aliviada.
– No sé quién es el padre -susurró Nicole-. ¿Puede existir una vergüenza mayor? Y eso no es lo más grave.
– De acuerdo, oigamos lo más grave -dijo Mitch con la boca totalmente seca.
Ella empezó a gesticular frenéticamente con ambas manos.
– No recuerdo haberme acostado con nadie. Hace años que tuve mi última relación. Apenas he salido o he hecho vida social… En definitiva, sólo pudo ocurrir en la fiesta que celebramos en Navidades. No ha habido otra ocasión posible.
– En la fiesta -repitió él.
Nicole pareció asumir algo por su cambio de expresión, pues asintió rápidamente.
– Estoy segura. Y eso significa que fue con alguien de la plantilla. Lo que de veras resulta imperdonable es que no recuerde nada. Fue por el champán… aunque no creas que lo utilizo como excusa. Es inexcusable beber si sabes que se te sube a la cabeza. Al parecer, el champán nubló mi memoria -Nicole puso los ojos en blanco-. Mira, tú y yo hemos tenido nuestros roces. Quizá por eso te estoy contando todo esto. No creas que intento acusarte, Mitch… Sé que jamás te interesarías por mí en ese sentido. Y ésa es una de las cosas que más me desconciertan. ¿Por qué el hombre en cuestión no ha dicho nada? Seguramente se arrepentirá de lo que sucedió aquella noche…
– Eh, no creo que debas llegar a esa conclusión con tanta ligereza. Quizá ha tenido otros motivos para no decirte nada.
– Independientemente de sus motivos, debo descubrir quién es -Nicole volvió a pasearse, meneando las caderas, moviendo las manos incansablemente-. Primero pensé en John. Aún lo está pasando mal por lo del divorcio. ¿Quizá acudió a mí y yo fui incapaz de darle una negativa? Pero cuanto más lo pienso, menos me imagino besándolo, y no digamos ya…
Mitch notó que desaparecía el nudo de su garganta. Por fin recuperó la voz.
