Ahora, sin embargo, empezaba a darse cuenta de la auténtica envergadura de sus hombros. Y su estatura de jugador de baloncesto le evocaba la energía y el ritmo de un atleta. Bien pensado, nunca la había mirado con aquellos ojos azules como el cielo de forma inocua o amistosa. Aquella expresión sensualmente tensa siempre había estado ahí. Cerca de Mitch, Nicole jamás había olvidado ni por un instante que era una mujer. De pronto, lo hubiera dado todo por recordar aunque fueran fragmentos de la noche de la fiesta.

– Mitch -dijo al fin-, si todo ocurrió tal como lo cuentas, ¿por qué no me has dicho nada hasta ahora?

– Quise hacerlo, créeme. Pero todo se complicó. Para empezar, me fui de la casa por la mañana, mientras aún dormías. No deseaba dejarte, pero me habías dicho que a primera hora llegaba el servicio de limpieza. Y pensé que no te gustaría tener a un hombre en la casa mientras las limpiadoras entraban y salían.

– No me hubiera gustado -reconoció ella.

– Te llamé más tarde, ese mismo día. Pero empezaste a hablarme de negocios… como si deliberadamente hubieras querido obviar lo sucedido unas horas antes.

– No quise obviar nada. ¡Te lo juro! Simplemente, no me acordaba.

Mitch asintió.

– Ahora lo sé. Pero, en aquel entonces, esa posibilidad ni siquiera se me ocurrió. Supuse que preferías darlo todo por olvidado. Te cerraste a mí por completo, y traté de explicarme por qué. Sabía perfectamente que no deseabas involucrarte con las personas que trabajaban para ti… Al final, llegué a la conclusión de que lo sucedido aquella noche te había disgustado tanto, que necesitabas tiempo para reflexionar sobre ello. Así que yo también guardé silencio. Y esperé… No quería presionarte o empujarte a hacer algo para lo que no estuvieras preparada. Pero…

– ¿Pero? -repitió Nicole al ver que él no concluía la frase.

Mitch se detuvo. El resplandor de la luna teñía su cabello de plata. Las angulosas facciones de su rostro parecían talladas en piedra. Sólo sus ojos parecían líquidos, y miraban a Nicole con la intensidad de una caricia.



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