– Estoy seguro de que no es grave. Pero más vale que la lleve a su despacho para echarle un vistazo en profundidad. Rafe, encárgate de la exposición, ¿quieres? Señor Shaw, le aseguro que queda en buenas manos con John y Rafe…

Mientras recorrían el pasillo, Nicole se acurrucó en su costado, lo cual le pareció preocupante.

– ¿Estás muy mareada? ¿Crees que vas a desmayarte? -inquirió él bruscamente.

– Nunca me he desmayado y no voy a empezar ahora. Es sólo que…

– ¿Qué?

El tono de Nicole era apagado, confundido.

– Lo veo todo verde.

– Aja -Mitch trató de sentarla en la silla, pero ella lo apartó de sí rápidamente.

– No quiero manchar de sangre la tapicería.

Mujeres.

Mitch retiró de golpe la silla de la mesa y sentó en ella a Nicole con un suave empujón. Luego, con mucho cuidado, le colocó la cabeza entre las rodillas.

– ¿Son muy fuertes las náuseas?

– No voy a vomitar. Se me pasará. No quiero perderme la reunión. Sólo preciso un minuto para… ¡ay!

Mitch ni siquiera había llegado a tocarle el chichón que tenía en la cabeza. Tan sólo intentaba apartarle el cabello para ver mejor la herida.

– ¿Cómo demonios te lo has hecho?

– Me golpeé con el filo de la mesa. Me agaché para recoger un bolígrafo. No fue nada. Estoy bien.

Hacía años que Mitch asistió a un cursillo de primeros auxilios, pero aún recordaba lo básico. Las heridas en la cabeza solían sangrar abundantemente. Enseguida detectó el corte y la hinchazón.

– Muy bien, traeré una toalla húmeda del cuarto de baño… Quédate aquí. No te muevas ni levantes la cabeza.

Wilma entró de repente.

– ¿Qué le pasa? ¿Se pondrá bien?



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