Nicole titubeó por un instante. La molesta sensación de mareo se negaba a remitir. Pero todos los presentes se pusieron en pie en cuanto la vieron entrar. Luciendo una sonrisa de determinación, extendió automáticamente una mano para saludar al señor Shaw.

– Celebro mucho verle, señor Shaw. Todos esperábamos con ansiedad esta reunión…

De repente, todos los miembros de la plantilla se quedaron petrificados, sin ningún motivo aparente. Mitch rodeó la mesa y se acercó rápidamente a ella.

Dios santo, se dijo Nicole, no era posible que fuera a besarla.

Y semejante ráfaga de locura dio paso a una segunda. No podía asegurar que no deseara un beso de Mitch, pese a las circunstancias…

Capítulo Cuatro

– Nicole, cariño… estás sangrando -Mitch podía haberse propinado a sí mismo un puntapié por utilizar la palabra «cariño», pues sabía que aquel trato cariñoso irritaría a Nicole. Pero, al menos, pudo mantener un tono de voz calmado. Cuando la vio entrar, casi le dio un infarto al darse cuenta de que el extraño líquido que impregnaba su cabello era sangre.

– ¿Cómo? No estoy…

Mitch comprendió que lo mirara con rabia. Nik detestaba ser el foco de atención, sobre todo en una reunión de negocios. No obstante, se llevó la mano a la cabeza y se sobresaltó al ver el líquido rojo que le goteaba de los dedos.

Mitch le echó el brazo por los hombros con firmeza, pero tardó unos segundos en sacarla de la habitación. Shaw había saltado de la silla igual que Rafe y Johnny, percatándose de que Nicole tenía una especie de herida. Mitch llevaba años tratando de reprimir la molesta capacidad de liderazgo que latía en sus genes, pero, qué demonios, había circunstancias en las que uno no tenía más remedio que tomar el mando.



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