– Me temo que te he deshecho por completo el peinado -dijo él con desenfado-. Y quedará aún peor cuando te aplique el antiséptico. Pero, al menos, creo que sobrevivirás.

En ese momento entró Wilma con una taza de té caliente.

– Le he puesto mucha azúcar. ¿Se encuentra mejor, Largo?

– Eh -terció Nicole.

Mitch siguió mirándole la cara, los ojos, la boca. Pero, al mismo tiempo, se las arregló para responder a Wilma.

– Imagino que se siente hecha polvo, por mucho que lo niegue. ¿Qué tiene en la agenda para el resto de la jornada?

– Basta ya, los dos. Y lo digo en serio -protestó nuevamente Nicole.

– Nada. La reunión con el señor Shaw era el plato fuerte del día, así que todo lo demás se aparcó. ¿Estás pensando en llevarla a casa?

– No, no está pensando en llevarme a casa -le informó Nicole.

Los ojos de Mitch seguían sin abandonar su rostro.

– Sí. En realidad, Wilma, estaba pensando en llevarla a mi casa. Se pondrá hecha una fiera cuando se lo proponga, pero está muy mareada. No conviene dejarla sola. En mi casa no podrá trabajar, así que quizá la convenza para que descanse un rato echada en un sofá.

Wilma sonrió y de inmediato adoptó un tono de complicidad.

– Me parece una idea magnífica, Largo. Todo irá bien, Nicole. Y acabo de echarles una ojeada a los muchachos. El señor Shaw se estaba riendo, de modo que las cosas no podrían ir mejor.

Cuando Wilma se hubo marchado para unirse a la tropa, Mitch colocó la taza de té delante de Nicole. Ella la aferró con ambas manos, pero sus ojos semejaban oscuras saetas.

– Me estoy planteando con mucho entusiasmo la posibilidad de despedirte -dijo en tono sombrío.

– Bah. Podrías despedirme por muchas cosas, pero no por esto. Por si aún no te has dado cuenta, Nik, la plantilla se preocupa por ti. Si te vas sola a casa, ¿no crees que la preocupación les impedirá trabajar?



34 из 111