Incluso entonces, Forever seguía siendo una ciudad muy aislada. No había carreteras que llevaran hasta allí ni tampoco existía ningún aeropuerto. La única forma de ir era en barco o en hidroavión.

Además, tenía planes de ser madre y necesitaba ir donde hubiera hombres. Hombres de verdad. Inteligentes y a los que les gustara el sexo.

Se levantó y el piloto la ayudó a salir al muelle. El hombre era bajo, más que ella. Robin esbozó una sonrisa y le dio las gracias antes de bajar.

El haberse enterado de los riesgos que conllevaban los bancos de esperma terminaría yendo a su favor. Si lo pensaba, le parecía lógico querer conocer al padre biológico de su futuro hijo. Una mujer podía conocer mucho más de una persona a través de una conversación y la observación, que a través del frío archivo de una clínica.

Apoyó una mano en su abdomen y sonrió mientras ponía los pies sobre la calle River Front. Por lo que había leído, a los treinta y dos años estaba en una buena edad para quedarse embarazada sin peligro. Se había asegurado un buen puesto de trabajo en una bonita ciudad y se había apuntado a las listas de espera de las mejores agencias de niñeras y de guarderías disponibles.

Todo estaba en orden. Lo único que necesitaba era encontrar al hombre adecuado y compartir con él unos veinte minutos.


Jake Bronson oyó el motor del Beaver desde su escondite, entre el Café Fireweed y el supermercado. Se caló su sombrero Stetson sobre la frente y se echó hacia atrás, tratando de pasar desapercibido.

Normalmente no era ningún cobarde, pero desde que su amigo Derek Sullivan había colocado aquel absurdo anuncio en los periódicos de todo el país, las mujeres de Forever habían declarado la veda abierta sobre él. Y no porque quisieran casarse con él, no. O por lo menos, él no lo creía.

Estaba completamente seguro de que las tres proposiciones que había tenido la semana anterior habían sido solo bromas. Pero Annie Miller se dirigía en ese momento a la calle principal, con un aspecto demasiado decidido para el pobre Jake. Annie llevaba un vestido de verano demasiado elegante para la tarde de un sábado normal.



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