Jake no tenía intenciones de volver a ser la víctima de otra inocentada, así que se quedó inmóvil, mirando a Annie con el rabillo del ojo y respirando silenciosamente. De repente, al oír un gruñido detrás de él, dio un respingo y se puso rígido, temiéndose lo que llegaría a continuación.

Luego se oyeron unos ladridos a través del estrecho pasillo que amenazaban con poner en peligro su intento de pasar desapercibido. Su corazón dio un vuelco al darse la vuelta y ver al perro lobo esquimal que estaba a un metro de él.

– Hola, Dweedle -saludó al impresionante animal.

– ¿Qué demonios haces aquí en la sombra, Jake? -quiso saber Patrick More.

Jake se puso un dedo en los labios, mandándole callar e hizo una seña hacia Annie, quien estaba ya a solo unos metros de distancia.

Patrick miró hacia la calle y, al ver a la chica, esbozó una sonrisa que iluminó su cara de rasgos duros.

– Va muy elegante, ¿no? -susurró el hombre.

– Eso es lo que me preocupa -contestó Jake.

– He oído que ha estado cocinando toda la mañana. ¿Crees que va a tratar de impresionarte con sus artes culinarias?

– No quiere impresionarme. Quiere avergonzarme -respondió Jake, quien bajó la cabeza para que el sombrero le tapara la cara.

– Se ha desviado -anunció Patrick.

– ¿Hacia nosotros?

– No, hacia el muelle. ¡Oh, caramba!

– ¿Qué?

– Ahora sí que merece la pena mirar.

– ¿Qué pasa?

– No me importaría que ella contestara a un anuncio mío -fue la respuesta de Patrick, que estiró los hombros y se metió la camisa por la cinturilla del pantalón.

– Tú no has puesto ningún anuncio.

Jake miró hacia donde le decía su amigo y notó un escalofrío. Una mujer alta y rubia estaba saludando a Annie. Llevaba unos vaqueros ceñidos y una chaqueta de colores vivos. La chaqueta la tenía abierta y revelaba debajo una camisa blanca de punto.



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