
Strop… Tess sacudió la cabeza, confundida.
– Me quedo aquí -dijo.
– Strop es mi perro, Tess, y estará encantado de conocerte -la pobre chica no estaba en condiciones de tomar una decisión y menos aún de pasar la noche sola en una granja solitaria-. Pasarás la noche en el hospital para que pueda observar ese brazo -dijo con firmeza-. Puedes volver mañana, si te sientes con fuerzas.
– ¿Lo que quiere decir es que me tengo que quedar con la cerda y esperar que venga el veterinario? -preguntó Jacob con incredulidad.
– Es lo menos que puedes hacer después de haber dado a la señorita Wescott un susto de muerte -dijo suavemente-. Y te conozco, Jacob. Siempre haces el menor esfuerzo posible. Además, este año me has llamado por la noche cinco veces para ver a tus hijos enfermos y cada una de esas visitas podría tranquilamente haber esperado a la mañana siguiente. Me debes una.
Jacob pensó un segundo las palabras de Mike y luego asintió con la cabeza, reconociendo que éste tenía razón.
– Ahora nos tenemos que ir -le dijo Mike a Tess, y ella se dio cuenta de cómo él se reía detrás de los dientes-. Yo también tengo una paciente de parto. No dará a luz hasta la mañana, pero me necesita. ¿De acuerdo, Tess?
Ella parecía un autómata. No lograba reaccionar, aunque se esforzaba en concentrarse.
– Supongo… que sí.
– Estupendo entonces -dijo Mike con una sonrisa-. Estoy seguro de que Jacob y el veterinario se ocuparán perfectamente de Doris, así que la puedes visitar mañana si está como para recibir visitas. Y ahora, Strop es una excelente chaperona, ésa es su misión en la vida, impedir tantas cosas como sea posible. Así que, ¿nos tienes a Strop y a mí suficiente confianza como para que te llevemos en coche hasta el pueblo?
