«Seré médico», juró. «Seré el mejor doctor que pueda y volveré aquí a trabajar. Y eso es lo que haré. Ninguna mujer interferirá jamás con mi trabajo. Nadie volverá a morir de esta manera en este sitio, si yo puedo evitarlo, pase lo que pase ahora».

Capítulo 1

Había una chica con zapatos de tacón de aguja en el suelo del granero de Henry Wescott. Mejor dicho, estaba echada bajo la cerda de Henry Wescott.

Mike se había encontrado con el coche de la policía en la tranquera.

– Hay alguien merodeando en la granja de Henry -le había dicho el sargento secamente-. Jacob vio la luz desde su casa. ¿Quieres apoyarnos, servir de refuerzo?

Lo cierto era que no quería. Jacob era un tonto fanático de las armas y la sola idea de hacer causa común con él le revolvía el estómago. Sin embargo, el sargento Morris era el único policía del distrito y muchas veces había ayudado a Mike en el pasado. Entrar en una granja abandonada en busca de ladrones era arriesgado y aunque Jacob tenía aspecto de duro, si surgía algún peligro serio, saldría corriendo.

Así que había ido, dejando a Strop al cuidado de su adorado Aston Martin. Pero…

Esperaban encontrarse ladrones, o incluso al mismo Henry, pero ciertamente que no se esperaban eso.

La chica estaba echada en la paja con el brazo metido hasta el codo en la cerda. Era joven, por su aspecto tendría alrededor de veinte años, era de complexión pequeña y de aspecto apasionado.

¿Apasionado?

Sí. Decididamente apasionada. Era prácticamente toda roja. Llevaba una diminuta y ajustada falda escarlata. Las esbeltas piernas estiradas detrás de ella en la paja estaban enfundadas en medias de color carne con una costura roja y llevaba zapatos de aguja rojos. Llevaba una blusa blanca, pero sus llameantes rizos le caían por los hombros y se la cubrían casi totalmente, así que lo que más se veía era piernas y rojo.

Mike no podía verle la cara. La tenía apoyada contra la paja y el resto de ella estaba escondida por el animal. ¿Qué diablos…?



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