Vincente siguió escondido hasta que ella desapareció de su vista. Fue hacia la tumba y se arrodilló para leer la inscripción.

– George Barnaby -leyó. Había muerto dos meses antes, en diciembre, a los sesenta y cuatro años.

Vincente sacó una libreta del bolsillo, pasó las páginas hasta encontrar lo que buscaba.

Un último dato. Su padre falleció antes de navidad. Ben Carlton siguió dando fiestas. Una invitada a una de ellas dice que ella cumplía su papel de anfitriona, pero tenía un aspecto terrible.

Vincente miró las rosas una vez más y se marchó.

Elise había dormido mal y se había despertado temprano. Se dio una ducha fría para despejarse. Después de desayunar, fue en taxi al cementerio, pero no a visitar la tumba de Ben. Él ya era parte del pasado. El hombre que había muerto dos meses antes seguía estando con ella.

– Papá -musitó, dejando las flores sobre la tumba-, ¿por qué tenías que morir ahora? Soporté a Ben ocho años para impedir que fueras a la cárcel. Dijiste que había sido un pequeño desliz, pero cuando Ben encontró la prueba, hizo que pareciera grande. Debería haberlo abandonado cuando moriste, pero estaba conmocionada. Necesitaba hacer planes. Y ahora él está muerto, yo soy libre y tú también lo serías. Pero es demasiado tarde. Ay, papá, te echo muchísimo de menos.

Regresó en taxi al hotel. Empezaba a formarse un plan en su mente. Primero dejaría la extravagante suite y se trasladaría a una habitación más pequeña y económica. Pondría en venta el piso de Roma y buscaría un lugar donde vivir.

Pero antes tenía que hablar con Vincente Farnese y dejarle claro que lo ocurrido la noche anterior había sido un error. Se negaría a volver a verlo. Rechazaría cualquier intento de persuasión.



20 из 115