
– ¿Terrible buscar tu satisfacción? ¿O no querías satisfacerme a mí?
– Tal vez me dio miedo. Hacía tanto tiempo…
– Eso es importante. Necesitas el hombre adecuado, uno que te dé placer con sutileza.
– ¿Sugieres que estoy haciendo una lista de candidatos? -ella soltó una risita.
– No haría falta. Ya hacen cola. Los vi en el funeral de Ben, observándote y preguntándose si tendrían opción. Dudo que Ivor fuera un caso aislado. Incluso el joven que trajo la comida me miró con envidia.
Vincente estaba diciéndole que había llegado el momento. La desconcertó descubrir que podía desear a un hombre sólo por el sexo, pero así era.
– No fue la única razón de mi rechazo -dijo ella-. Hablaste de libertad y que sólo yo sabía qué significaba para mí. Fui prisionera de Ben durante ocho años, controló mi vida con sus egoístas exigencias. Ahora estoy libre de él, pero hay otras prisiones…
– No quiero ser tu carcelero -dijo él-, sólo que encontremos una nueva libertad juntos. Confía en mí.
Le impidió contestar posando sus labios en los de ella. Tentadores, juguetones, sin exigencias. Ella habría podido resistirse a la arrogancia, pero su gentileza la rindió y respondió al beso.
Sintió que sus brazos la rodeaban, haciendo que apoyara la cabeza en su hombro. La respuesta natural fue llevar las manos a su cuello y acariciar su nuca. Cuando la lengua de él invadió su boca con destreza, tuvo la sensación de que lo sabía todo sobre ella.
Igual que en el club, le pareció un diablo. Si no, no habría sabido que la caricia de su lengua en ese punto exacto la estremecería de placer. Era su última oportunidad de escapar, una vez que la poseyera sería irrevocablemente suya. Todos sus instintos le advertían que huyera mientras aún estuviera a tiempo.
