Cerca había una pareja lanzando monedas al agua, jurando volver a Roma y amarse eternamente.

– Para siempre -murmuró-. Si ellos supieran…

Cerró los ojos y le habló a Angelo mentalmente.

«Lo siento. Siento mucho lo que te hice. Nunca dejé de amarte».

De pronto, su mente se llenó de imágenes de la noche anterior, cuando sólo había existido Vincente, y sintió una oleada de calidez. Había amado a Angelo con pasión, pero había sido una joven ignorante, que desconocía el placer que podía llegar a proporcionarle un hombre. Comprendió que Angelo había sido un chico inexperto, pero ella no había buscado más. Pensó que era una traición hacia Angelo pensar en Vincente en ese momento.

«Te quiero. Pase lo que pase, siempre serás mi amor verdadero».

Dedicó las siguientes horas a pasear por los cafés donde habían estado juntos y la complació descubrir que muchos seguían funcionando. Finalmente, paró un taxi para ir a Trastevere.

Bajó a corta distancia del piso y recorrió las calles que le habían sido tan familiares. Estaban distintas. Algunas tiendas habían sido reformadas y no reconoció ningún rostro dentro.

La mayor sorpresa la esperaba cuando llegó a la calle donde había vivido. En lugar de los viejos edificios, había una gran obra, y muchos obreros trabajando.

– ¿Puedo ayudarla? -le preguntó una mujer de mediana edad, con rostro risueño.

– Buscaba el edificio donde viví hace tiempo -dijo Elise-. Pero ya no está aquí.

– Sí. Ahora gastan dinero en el Trastevere, rehabilitan todo. No hay que ser sentimental respecto a los viejos tiempos.

– Supongo. ¿Y la gente que vivía en esta calle?

– Realojados. No volverán. Estos pisos serán muy caros cuando los acaben. Lo que había aquí ha desaparecido para siempre.



38 из 115