Igual que cada noche durante las últimas semanas, Holly se sumió en un profundo sueño poco antes del alba. Cada día despertaba incómodamente repantingada en un lugar distinto; hoy le tocó el turno al sofá. Una vez más, fue la llamada telefónica de un familiar o un amigo preocupado la que la despertó. Probablemente pensaran que no hacía más que dormir. ¿Por qué no la llamaban mientras vagaba con desgana por la casa como un zombi, registrando las habitaciones en busca de… de qué? ¿Qué esperaba encontrar?


– ¿Diga? -contestó adormilada. Tenía la voz ronca de tanto llorar, pero ya hacía bastante tiempo que no se molestaba en disimular. Su mejor amigo se había ido para siempre y nadie parecía comprender que ninguna cantidad de maquillaje, de aire fresco o de compras iba a llenar el vacío de su corazón.

– Oh, perdona, cariño, ¿te he despertado? -preguntó la voz inquieta de su madre a través de la línea.


Siempre la misma conversación. Cada mañana su madre llamaba para ver si había sobrevivido a la noche en soledad. Siempre temerosa de despertarla no obstante, aliviada al oírla respirar; a salvo al constatar que su hija se había enfrentado a los fantasmas nocturnos.


– No, sólo estaba echando una cabezada, no te preocupes. Siempre la misma respuesta.

– Tu padre y Decían han salido y estaba pensando en ti, cielo.


¿Por qué aquella voz tranquilizadora y comprensiva conseguía siempre que se le saltaran las lágrimas? Imaginaba el rostro preocupado de su madre, el ceño fruncido, la frente arrugada por la inquietud. Pero eso no sosegaba a Holly. En realidad hacía que recordara por qué estaban preocupados y que no deberían estarlo. Todo tendría que ser normal. Gerry debería estar allí junto a ella, poniendo los ojos en blanco e intentando hacerla reír mientras su madre le daba a la sinhueso. Un sinfín de veces Holly había tenido que pasarle el teléfono a Gerry, incapaz de contener el ataque de risa. Entonces él seguía la charla, ignorando a Holly mientras ésta daba brincos alrededor de la cama, haciendo muecas y bailes estrafalarios para captar su atención, cosa que rara vez conseguía.



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