Siguió toda la conversación contestando casi con monosílabos, oyendo sin escuchar una sola palabra.


– Hace un día precioso, Holly. Te sentaría la mar de bien salir a dar un paseo. Respirar un poco de aire fresco.

– Sí… Supongo que sí. -Otra vez el aire fresco, la presunta solución a sus problemas.

– Igual paso por ahí más tarde y charlamos un rato.

– No, gracias, mamá. Estoy bien.


Silencio.


– Bueno, pues nada… Llámame si cambias de idea. Estoy libre todo el día.

– De acuerdo. Otro silencio. -Gracias de todos modos -agregó Holly.

– De nada. En fin… Cuídate, cariño.

– Lo haré.


Holly estaba a punto de colgar el auricular pero volvió a oír la voz de su madre.


– Ah, Holly, por poco me olvido. Ese sobre sigue aquí, ya sabes, ese que te comenté. Está en la mesa de la cocina. Lo digo por si quieres recogerlo. Lleva aquí semanas y puede que sea importante.


– Lo dudo mucho. Lo más probable es que sea otra tarjeta de pésame.

– No, me parece que no lo es, cariño. La carta va dirigida a ti y encima de tu nombre pone… Espera, no cuelgues, que voy a buscarla…


Holly oyó el golpe seco del auricular, el ruido de los tacones sobre las baldosas alejándose hacia la mesa, el chirrido de una silla arrastrada por el suelo, pasos cada vez más fuertes y por fin la voz de su madre al coger de nuevo el teléfono.


– ¿Sigues ahí?

– Sí.

– Muy bien, en la parte superior pone «la lista». No sé muy bien qué significa, cariño. Valdría la pena que le echaras…



4 из 385