Quizá incluso pensara que sería más fácil tumbarse a descansar y luego tratar de localizar la hoguera que posiblemente hiciese su presa. Sin embargo, esa posibilidad no convencía a McCay. Trahern era lo bastante inteligente como para saber que muchas veces un hombre que huía se conformaba con un campamento gélido y que sólo un estúpido dormiría junto a una hoguera. Para mantenerse con vida, lo mejor era hacer un pequeño fuego para cocinar, apagarlo enseguida y acostarse en otro lugar más alejado.

Las opciones que McCay tenía en ese momento eran seguir tendido justo donde estaba y sorprender a Trahern cuando pasara por aquel tramo del camino, retroceder un poco más y atrapar al cazarrecompensas en su propio campamento o aprovechar la oscuridad para poner más distancia de por medio.

De pronto, escuchó a su caballo relinchar suavemente desde más abajo, entre las rocas, y maldijo violentamente para sí mismo. Apenas unos segundos después, oyó otros relinchos a modo de respuesta a su espalda. McCay reaccionó al instante rodando sobre sí mismo y dirigiendo el cañón de su rifle hacia el lugar del que provenía el sonido.

Trahern estaba a unos veinte metros a su izquierda, y era difícil saber quién de los dos estaba más sorprendido. El cazarrecompensas había desenfundado su arma; sin embargo, miraba hacia el lugar equivocado, hacia el caballo del hombre que perseguía. Aun así, se giró alertado por el sonido de un rifle al ser amartillado y logró esquivar la bala que le iba dirigida mientras disparaba a su vez.

La cima de la colina estaba justo detrás de McCay, y éste se limitó a dejarse caer por la pendiente tragando polvo y pinaza en el proceso, pensando que, al menos, eso era mejor que recibir un disparo. Una vez que encontró unas rocas que le sirvieron de parapeto, escupió y avanzó semiagachado hacia la derecha, en dirección a su caballo.

Maldita sea, ¿qué diablos hacía Trahern fuera del camino? El cazarrecompensas no esperaba encontrar nada o, de otro modo, no se hubiera mostrado tan asombrado al descubrir a su presa. El plan de McCay de sorprender a su perseguidor había fracasado y ahora Trahern le pisaba los talones.



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