Ruby, seguramente por lo mal que la habían tratado sus anteriores dueños, siempre había sido un animal muy tímido y los otros caballos del establo, más jóvenes y fuertes, la asustaban. Phinn la llevaba a pasear siempre que le era posible, pero tenía que atender su trabajo y no podía hacerlo tan a menudo como hubiese querido.

Entonces, contra todo pronóstico, Peggy encontró una compradora para los establos. Una mujer que quería tomar posesión en cuanto fuera posible, además.

– Hablaré con ella para ver si puedes quedarte -le dijo Peggy al ver su cara de preocupación.

Phinn ya había visto a Geraldine Walton, una mujer de pelo oscuro que se parecía un poco a su prima Leanne. La había visto cuando fue a ver los establos y le había parecido una persona muy seca, de modo que no tenía muchas esperanzas.

Y había hecho bien en no tener esperanzas, descubrió enseguida, porque no sólo no había trabajo para ella sino que tampoco había sitio para Ruby. Geraldine Walton le pidió que se fuera de su habitación y se llevara a Ruby con ella lo antes posible.

Ahora, a mediados de abril, mientras miraba alrededor pensando que tenía que ponerse a hacer las maletas, se fijó en la cámara fotográfica que su madre le había llevado el domingo anterior para que se la devolviera a Ashley Allardyce en nombre de Leanne.

Su madre le había dicho que seguramente Ashley no esperaba recuperarla nunca y sólo estaba usándola como excusa para seguir llamando a Leanne. Pero, por lo visto, su prima no tenía la menor intención de volver a hablar con él.

Sintiéndose culpable porque debía haberle prestado la cámara en el mes de diciembre, Phinn decidió llevársela inmediatamente. Además, así podría dar un paseo con Ruby para alejarla de los otros caballos, pensó.

Esperaba ser recibida de nuevo por el ama de llaves, y después de llamar al timbre, Phinn sonrió al oír pasos.



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